












El papa León XIV manifestó su profundo dolor ante la catástrofe ferroviaria ocurrida en la localidad de Urda, provincia de Toledo, donde la colisión entre dos trenes de alta velocidad causó la muerte de al menos 68 personas. El Pontífice hizo llegar sus condolencias mediante un telegrama firmado por el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, expresando su cercanía espiritual con los damnificados.
En la misiva oficial, el Papa se declaró "vivamente apenado" por el hecho y ofreció oraciones por el eterno descanso de los fallecidos, así como por la pronta recuperación de las personas heridas. Asimismo, alentó al personal de emergencia y a las fuerzas de rescate a "perseverar en los trabajos de socorro y asistencia", y concluyó su mensaje con una bendición apostólica para todo el pueblo español.
Por su parte, la Conferencia Episcopal Española emitió un comunicado expresando su acompañamiento a las comunidades afectadas. Los obispos solicitaron incluir a las víctimas en las intenciones de las misas y encomendaron el trabajo de los profesionales de la salud y de los equipos de contención que asisten a los familiares de los fallecidos.
La magnitud de la tragedia desencadenó una ola de solidaridad internacional, con pronunciamientos oficiales de diversos gobiernos de América Latina. Las administraciones de Argentina, México, Colombia, Perú, Chile, Cuba, Venezuela, Ecuador, República Dominicana y Honduras hicieron públicas sus condolencias dirigidas al Ejecutivo y al pueblo español.
Las cancillerías latinoamericanas activaron protocolos de asistencia consular para verificar la presencia de ciudadanos de sus respectivos países entre las víctimas. Mientras tanto, las autoridades locales continúan con las tareas de identificación y peritaje en el lugar del siniestro.