Los sellos negros cambian la forma de comprar alimentos: nueve de cada diez argentinos valoran las advertencias

Un relevamiento de UNICEF y la Fundación Interamericana del Corazón Argentina reveló que el 90% de los consumidores considera útil el etiquetado frontal para reconocer productos menos saludables. Las organizaciones destacan su importancia para promover una alimentación informada, especialmente durante la infancia.
Hace 21 horas Nacional

El etiquetado frontal de alimentos se consolidó como una herramienta valorada por los consumidores argentinos. Según un relevamiento realizado en 2024 por UNICEF y la Fundación Interamericana del Corazón Argentina, nueve de cada diez personas consideran que los octógonos negros permiten identificar rápidamente productos con características nutricionales menos saludables.

Las advertencias incorporadas en los envases informan sobre el exceso de nutrientes como azúcares, sodio y grasas saturadas. Su principal objetivo es facilitar la comprensión de la información nutricional y permitir que los consumidores tomen decisiones sin necesidad de analizar tablas complejas.

“Contar con información visible, sencilla y objetiva no limita la libertad de elegir. Al contrario, la hace posible”, afirmó Rafael Ramírez Mesec, representante de UNICEF en Argentina.

La importancia de esta política se vincula con los problemas alimentarios que afectan especialmente a niños y adolescentes.

De acuerdo con los datos citados en el informe, Argentina ocupa el tercer lugar de América Latina en exceso de peso entre menores de cinco años. Además, cuatro de cada diez chicos de entre 5 y 17 años presentan sobrepeso u obesidad, según la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud de 2019.

Otro indicador preocupante es la participación de los alimentos ultraprocesados en la dieta infantil. Estos productos representan más del 35% de la energía diaria consumida por niñas y niños, mientras que la ingesta de frutas y verduras apenas alcanza una quinta parte de la cantidad recomendada.

Las organizaciones también advierten sobre la relación entre los hábitos alimentarios y distintas enfermedades no transmisibles, entre ellas las cardiovasculares, la diabetes y determinados tipos de cáncer.

La experiencia de otros países latinoamericanos muestra resultados vinculados con la implementación de advertencias nutricionales.

En México, cuatro de cada diez consumidores modificaron sus decisiones de compra a partir del etiquetado, según información del Instituto Nacional de Salud Pública correspondiente a 2025.

Chile, uno de los primeros países de la región en aplicar una política integral de advertencias, también registró reducciones en el consumo de productos considerados poco saludables.

En Argentina, el sistema produjo cambios en la industria alimentaria. Un estudio publicado durante 2026 identificó un aumento de productos sin sellos y una disminución de aquellos que acumulaban múltiples advertencias.

La normativa impulsó a distintas empresas a revisar sus fórmulas y reducir la presencia de nutrientes críticos en determinados alimentos.

Desde UNICEF sostienen que el etiquetado debe formar parte de una estrategia más amplia para mejorar la alimentación de la población.

Entre las medidas complementarias mencionan la necesidad de ampliar la disponibilidad de alimentos saludables en los kioscos escolares, controlar la publicidad dirigida a niños y adolescentes y facilitar el acceso a productos frescos.

También consideran importantes la promoción de la lactancia y la reformulación de productos por parte de la industria.

La Ley de Promoción de la Alimentación Saludable establece un marco para garantizar información clara a los consumidores y contribuir a una alimentación adecuada.

Aunque UNICEF reconoce que la aplicación de la normativa puede perfeccionarse mediante evidencia técnica, advierte que cualquier modificación debe mantener su finalidad principal: ofrecer información comprensible para que las personas puedan elegir sus alimentos de manera consciente.

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