El consumo de carne vacuna toca su piso histórico: 46 kilos por habitante, el nivel más bajo desde 1914

Entre enero y agosto de 2026 la demanda cayó 11,3% interanual. El estancamiento de la producción, los precios y el avance del pollo y el cerdo explican el cambio en la mesa de los argentinos.
Hace 2 horas Nacional

La carne vacuna perdió parte del protagonismo que históricamente tuvo en la mesa de los argentinos. En los primeros ocho meses de 2026, el consumo registró una nueva contracción y se ubicó en 46 kilos por habitante, el nivel más bajo desde que comenzaron las mediciones, en 1914.

Según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), entre enero y agosto de 2026 el consumo totalizó 1,37 millones de toneladas de res con hueso, una caída del 11,3% respecto del mismo período de 2025. De acuerdo con Argendata Fundar, a fines de los años sesenta el consumo anual superaba los 80 kilos por persona.

Uno de los factores que explican el retroceso es la limitada expansión de la producción bovina. En 2024, Argentina produjo 3,18 millones de toneladas de carne vacuna, un volumen prácticamente igual al de medio siglo atrás. Mientras la población aumentó, la oferta total se mantuvo casi sin cambios, lo que redujo la disponibilidad por habitante y presionó los precios. El informe de Argendata señala que la competencia con la agricultura por el uso de la tierra y la inestabilidad económica condicionaron el crecimiento de la ganadería. A esto se sumaron las restricciones a las exportaciones y los efectos de las sequías: la crisis climática de 2008 y 2009 provocó una liquidación de vientres que redujo el rodeo.

En paralelo, las cadenas avícola y porcina registraron un importante crecimiento. La producción de pollo se multiplicó por 64 desde 1961 y alcanzó los 2,3 millones de toneladas en 2024, con mejoras en genética, alimentación, sanidad y manejo productivo. También cambiaron las preferencias de los consumidores, que optaron por el pollo y el cerdo por sus precios y por la percepción de que son opciones más saludables. La carne vacuna, que históricamente representaba cerca del 90% de la oferta total de carnes, hoy concentra aproximadamente la mitad. El pollo superó los 45 kilos anuales por habitante y la carne porcina pasó los 17 kilos en 2023.

La diferencia de precios aceleró el cambio. Entre 2003 y 2006, la relación de precios entre la carne vacuna y el pollo pasó de 1,55 a 2,08, y el consumo de pollo aumentó 41%, de 19,4 a 27,3 kilos por habitante al año, mientras la demanda de carne vacuna permaneció prácticamente estancada. Algo similar ocurrió entre 2009 y 2011: con la sequía y la menor disponibilidad de ganado, el consumo de carne vacuna cayó 4,5 kilos por persona en dos años, mientras que el de pollo subió de 32,8 a 37,5 kilos.

Aun así, el consumo total de proteínas animales sigue siendo elevado. En 2023, los argentinos consumieron 122,7 kilos de carne por habitante, entre vacuno, pollo y cerdo, lo que ubicó al país en el puesto 23 a nivel mundial y por encima del promedio de América Latina. Argentina mantiene el primer lugar internacional en consumo per cápita de carne vacuna, aunque la diferencia con el resto del mundo se redujo: a comienzos de los años sesenta el consumo global rondaba los 32 kilos por habitante y en 2023 llegó a unos 65.

El menor consumo interno coincidió con un crecimiento de las exportaciones. Durante 2024, cerca de un tercio de la producción bovina argentina se destinó a los mercados externos, con China como principal comprador. El cambio no significa que los argentinos hayan dejado de consumir carne, sino que modificaron la composición de su dieta.

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